Se acabó la fiesta del Kit Digital: ¿Y ahora qué pasa con mi web? Guía de supervivencia
Te ha llegado el correo. O peor, te ha llamado tu Agente Digitalizador con una voz que mezcla prisa y ganas de cobrar la siguiente facturita. El mensaje es claro: «Oye, que los 12 meses de la subvención del Kit Digital se han terminado. ¿Renovamos o chapamos?».
Y ahí te quedas tú, con cara de póker, mirando la pantalla y pensando si tu web va a desaparecer mañana como si nunca hubiera existido o si te van a clavar una cuota mensual que no tenías prevista.
A ver, tranquilidad. Que no cunda el pánico, que en Almería estamos curados de espanto con estas cosas. Llevo viendo este escenario desde que salieron las primeras ayudas y el patrón siempre es el mismo. El problema no es que se acabe el plazo, el problema es que nadie te explicó la letra pequeña cuando te vendieron la moto de que todo era «gratis».
Vamos a destripar qué significa realmente el fin de la cobertura, qué es tuyo, qué no, y cómo evitar que tu presencia digital se vaya al garete.
La realidad sin anestesia: El Kit Digital era un alquiler, no una hipoteca pagada
Muchos os pensabais que el Kit Digital era que el gobierno os regalaba una web y ya está, propiedad vuestra in saecula saeculorum. Pues no. Lo que firmaste (y deberías haber leído, aunque sé que es un tocho infumable) es un Acuerdo de Prestación de Soluciones de Digitalización.
Básicamente, el Estado le pagaba a la agencia 12 meses de servicio. Punto.
Durante ese año, el Agente Digitalizador estaba obligado a:
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Darte el dominio (si no lo tenías).
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Pagarte el hosting.
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Hacerte la web.
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Darte un mantenimiento básico (que muchas veces ha sido nulo, las cosas como son).
Al acabar el mes 12, la subvención se cierra. El grifo se corta. Y ahora entramos en el mercado libre. Aquí es donde veo a empresarios con el culo torcido porque la agencia les pide 300€ al mes por mantener una web que apenas genera visitas.
Auditoría de urgencia: ¿Qué tienes realmente?
Antes de decidir si pagas, migras o mandas todo a paseo, necesitas saber dónde estás de pie. Esto es como cuando compras un coche de segunda mano: hay que levantar el capó.
1. El Dominio: ¿A nombre de quién está?
Esto es lo más grave y lo veo día sí, día también. Si el Agente Digitalizador registró el dominio (tuempresa.com) a su nombre en lugar del tuyo, te tienen cogido por donde más duele.
Legalmente, el beneficiario (tú) debe ser el titular. Pero por pereza o mala praxis, muchas agencias lo pusieron a su nombre.
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La prueba del algodón: Vete a un WHOIS público, mete tu dominio y mira el campo «Registrant». Si no salen tus datos, tenemos el primer fuego que apagar. Exige el cambio de titularidad ayer.
2. El Hosting y los accesos
La web está alojada en un servidor. Hasta ahora lo pagaba el bono. Ahora te toca a ti. Pero, ¿tienes las llaves de la casa?
Para que una web sea tuya de verdad, necesitas:
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Acceso al panel de control del Hosting (cPanel, Plesk o lo que usen).
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Acceso FTP/SFTP (para tocar los archivos brutos).
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Acceso a la Base de Datos (normalmente phpMyAdmin).
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Usuario Administrador de WordPress (ojo, administrador real, no un perfil «Editor» capado para que no toques nada).
Si no tienes esto, no tienes una web, tienes un pantallazo bonito en el navegador.

3. Las licencias de los Plugins (El gran olvidado)
Aquí es donde la cosa se pone técnica y donde te la pueden colar. La mayoría de webs del Kit Digital se han hecho con constructores visuales como Elementor Pro o Divi, y plugins de caché tipo WP Rocket.
Esas herramientas son de pago. La agencia usa una licencia «Agency» (multisitio) para activarlas en tu web. Cuando se acaba el contrato, si no renuevas con ellos, suelen desactivar la licencia.
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¿Resultado? Tu web no desaparece, pero no puedes actualizar los plugins.
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¿Riesgo? Un plugin sin actualizar es un coladero de seguridad. En tres meses tienes la web llena de malware ruso vendiendo viagra. O peor, el diseño se rompe porque Elementor se actualiza y tu versión vieja peta.
Tus opciones ahora mismo (Sin paños calientes)
Ya sabemos el diagnóstico. Ahora vamos al tratamiento. Tienes tres caminos, y tienes que elegir rápido antes de que te corten el servicio.
Opción A: Renovar con tu Agente Digitalizador
Si la agencia ha currado bien, te cogen el teléfono y la web te trae clientes, paga. Lo barato sale caro. Negocia una cuota de mantenimiento anual que incluya hosting, dominio y actualizaciones técnicas.
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Ojo: Que te desglosen qué es hosting y qué es mantenimiento. No pagues 50€ al mes solo por el hosting si es una web estática que cabe en un plan de 5€.
Opción B: Quedarte la web y gestionarla tú (o tu cuñado)
Si eres un «Juan Palomo», puedes pedir que te transfieran todo.
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Solicita el Auth Code (EPP Code) del dominio para llevártelo a tu proveedor (SiteGround, Raiola, el que te dé la gana).
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Pide una copia de seguridad completa (archivos + base de datos) o usa un plugin como All-in-One WP Migration si tienes acceso admin.
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Cómprate tu propio hosting y restaura la copia.
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El marrón: Te tocará comprar las licencias de los plugins (Elementor Pro son unos 59$/año) por tu cuenta.
Opción C: Buscar a un profesional que arregle el desaguisado
Aquí es donde entro yo o cualquiera que sepa de qué va la vaina. A veces, las webs del Kit Digital están hechas «al peso». Plantillas refritas, código sucio, SEO inexistente…
El fin del plazo es el momento perfecto para hacer una Auditoría de WPO (Web Performance Optimization) y SEO.
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¿La web carga en menos de 2 segundos?
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¿Tiene configurados los Core Web Vitals?
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¿Están las etiquetas
canonicalbien puestas o estás canibalizando contenido?
Si la web era una castaña, quizás no merezca la pena ni migrarla. A veces es mejor salvar los textos y las fotos, y montar una estructura limpia en un hosting de tu propiedad desde cero.
El impacto en el SEO: Cuidado con los «apagones»
Esto es vital. Si no te pones de acuerdo con la agencia y deciden «suspender el servicio» mientras te lo piensas, tu web dará un error 403 o 500.
Para Google, si tu web está caída 24 o 48 horas, empieza a mosquearse. Si está caída una semana, te desindexa. Todo el posicionamiento (poco o mucho) que hubieras ganado este año, se va al hoyo.
Y ojo con las migraciones mal hechas. Si cambias de dominio o cambias la estructura de las URLs sin hacer las redirecciones 301 pertinentes, es como si te mudas de local y no pones un cartel en la puerta vieja diciendo dónde estás. Tus clientes (y Google) se darán con la puerta en las narices.
Automatizaciones y el «Efecto Dominó»
Si durante este año te viniste arriba y conectaste tu web con un CRM, o pusiste un formulario que mandaba los leads a una hoja de cálculo usando Make o Zapier, revisa de quién es la cuenta de Make.
Si las automatizaciones corrían en la cuenta de la agencia, el día 1 post-Kit Digital, dejarán de funcionar. Los correos dejarán de llegar. Los clientes se quedarán en el limbo. Asegúrate de que los Webhooks apuntan a servicios que tú controlas.
Resumen para los que leen en diagonal
El fin del Kit Digital no es el fin del mundo, es el fin de la «beca». Ahora te toca ser mayor de edad digitalmente hablando.
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Exige la propiedad: El dominio y la web son tuyos por contrato. Que no te cuenten milongas.
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No dejes caducarlos: Si el dominio caduca, entras en Redemption Period y recuperarlo te costará una pasta gansa (o te lo robará un bot chino).
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Audita la calidad: Si la web es mala, no pagues un mantenimiento premium. Migra a algo básico o refactoriza.
El Kit Digital ha servido para que muchos tengáis web por primera vez. Bien. Pero una web no es un cuadro que cuelgas en la pared y te olvidas. Es un comercial que trabaja 24/7. Si no le das de comer (hosting) y no lo vistes bien (actualizaciones), dejará de vender.
Mira, configurar una migración, pelearse con los registros DNS y negociar con agentes digitalizadores que no sueltan las claves tiene su miga. A mí me han llamado de todo por exigir lo que es del cliente. Si ves que esto se te hace bola, o te da miedo tocar un botón y borrar la base de datos, pégame un toque. Lo miramos, vemos si merece la pena salvar lo que tienes o si le damos una vuelta de tuerca para que posicione de verdad. Sin presiones, que aquí estamos para echar un cable, no para liarla más.






